Cada vez que estalla un conflicto armado, los mercados reaccionan como si el mundo estuviera a punto de detenerse. El petróleo se dispara, la volatilidad se multiplica y las bolsas caen entre titulares alarmistas. Un escenario típico que acabamos de presenciar en las últimas semanas tras el inicio del conflicto bélico en Oriente Medio, con jornadas en las que la incertidumbre se ha apoderado de los mercados y del anímo de los inversores. Jornadas de caídas y subidas se suceden al compás de los últimos acontencimientos, según va evolucionando la escalada bélica.
En un primer momento, los mercados descuentan, el peor de los escenarios, sin esperar a ver como evolucionan los hechos. Sin embargo, este efecto no suele convertirse en tendencia a medio plazo. La historia financiera cuenta una historia muy distinta: el impacto de las guerras sobre los mercados suele ser intenso, pero breve. Tras el shock inicial, los inversores vuelven a mirar lo que realmente determina el valor de las empresas: el crecimiento económico, los beneficios y la política monetaria.
Así lo demuestra el análisis del comportamiento histórico de los mercados tras diferentes conflicto. Desde la Guerra Árabe-Israelí de 1948 hasta las tensiones más recientes en Oriente Medio, la renta variable estadounidense, representada por el S&P 500 en este estudio, ha mostrado una notable capacidad para absorber los shocks geopolíticos. Aunque la volatilidad se dispara en los primeros días o semanas de hostilidades, la rentabilidad media del índice suele ser positiva a los tres y seis meses del inicio de los conflictos, como podemos observar en el cuadro insertado a continuación

Este análisis no significa que las guerras sean irrelevantes para la economía global. Gran parte de ellas han provocado crisis energéticas, inflación y recesión por la fuerte huella que deja el conflicto en la actividad económica, consumo, cadena de suministros, etc. El ejemplo más reciente lo tenemos en la guerra Rusia-Ucrania con gran repercusión en la economía global en sus inicios todavía tocada por las consecuencia arrastradas de la Pandemia.
El foco está en los fundamentales
Los mercados descuentan futuro y una vez que se reduce la incertidumbre, los inversores vuelven a mirar a los fundamentales económicos. Y es que, también en situación de guerra, como puede pasar en cualquier momento traumático, la vida sigue. Como señalaba recientemente Ignacio Cantos-Figuerola, socio director de atl Capital: “Tras los primeros movimientos, el ruido de las bombas se olvida en los mercados y las bolsas vuelven a mirar a los beneficios empresariales y a la economía”. Los conflictos geopolíticos pierden peso cuando los mercados perciben que el peor escenario previsto no se va a producir.
Salvo en el caso de las dos guerras mundiales, la economía suele seguir funcionando. El economista y gran conocedor de los mercados financieros, Jeremy Siegel decía que “históricamente, las guerras no han sido una buena razón para evitar invertir en Bolsa”.Hay sectores que no se ven afectados por el conflicto e incluso alguno de ellos puede beneficiarse de esta situación tan extrema, como puede ser defensa, energía o materias primas.
En escenario de alta volatilidad, la recomendación siempre es mantener la visión a largo plazo en nuestras inversiones, con carteras diviersificadas . Debemos evitar decisiones impulsivas y continuar fieles al plan establecido para poder alcanzar nuestros objetivos financieros. Tomar decisiones drásticas en momentos de fuerte tensión con el objetivo de entrar cuando el mercado se recupere puede afectar de forma importate al conjunto del patrimonio a largo plazo, porque nunca exite el momento perfecto para volver a hacerlo. “Si esperas a que aparezcan los petirrojos, la primavera ya habrá terminado”como ha señalado en alguna ocasión Warren Buffet.
La recomendación de los expertos en episodios de alta volatilidad como puede ser un conflicto geopolítico es que busque siempre el consejo de su asesor financiero que le ayudará a analizar y revisar lo distintos escenario y ajustar gradualmente la cartera a las expectativas de mercado y economía para alcanzar la meta con sus ahorro.


