Lecciones de una maratón para invertir en fondos

Tribuna de opinión Cinco Días

Hoy existen más de 110.000 fondos registrados en todo el mundo. De ellos, apenas un millar supera los 42 años de vida. En cambio, nuestra propia carrera inversora es mucho más larga: incluso tras la jubilación nos esperan más de 20 años de esperanza de vida, y cualquier ahorrador con menos de 45 años tiene por delante más de cuatro décadas de inversión. Un horizonte que, igual que en la maratón, exige entrenar con método si no queremos acabar lesionados en el camino.

Pero surge la gran duda: ¿cómo seleccionar fondos pensando en las próximas décadas si muchos ni siquiera sobreviven tanto tiempo? ¿Por qué desaparecen los fondos y qué ocurre entonces con nuestro dinero? ¿Conviene dar prioridad a los que tienen un largo historial o a los que cuentan con mayor patrimonio? ¿Qué pasa si el gestor que los dirige se jubila?

Que un fondo desaparezca no significa que el inversor pierda su dinero. Lo habitual es que se fusione con otro, se liquide por falta de patrimonio o la gestora lo reordene dentro de su gama. Por ejemplo, en 2021, tras su fusión con Bankia, CaixaBank asumió todos los fondos de inversión y planes de pensiones de Bankia. Se cerraron alrededor de 180 fondos de Bankia, y los partícipes fueron traspasados a vehículos equivalentes de CaixaBank sin que perdieran su dinero ni tuvieran impacto fiscal, si eran personas físicas.

Fondos con historia

El historial largo da confianza, pero no asegura nada. Un fondo con más de treinta años puede atravesar malas rachas e incluso acabar cerrando. Tampoco el nombre del gestor es una garantía. Carmignac Investissement fue gestionado por el propio Édouard Carmignac durante dos décadas, del 89 al 2009, en las que aportó mucho valor. Sin embargo, en los diez años siguientes quedó claramente rezagado frente al mercado.

En 2019 abandonó la gestión y desde entonces el equipo ha cambiado varias veces, la última el año pasado. Hoy el fondo se sitúa en la media de la renta variable global. Por eso, un método de inversión con límites claros y un equipo estable suelen ser una apuesta más sólida a largo plazo.

Un ejemplo de estabilidad lo tenemos en el Capital Group New Perspective, fondo de renta variable global con más de 50 años de historia. Se distingue por una gestión dividida entre varios profesionales: cada gestor supervisa una porción del fondo de acuerdo con su visión, y sus ideas se integran en una cartera conjunta, evitando así el riesgo de concentrar decisiones en una sola persona. Esta forma de trabajar ha permitido una continuidad notable, además de adaptarse mejor a los cambios del entorno global.

El tamaño importa, aunque no es determinante en el resultado. Un fondo demasiado pequeño dentro de una gran gestora corre el riesgo de desaparecer, pero en ciertos nichos puede convertirse en una ventaja. En el extremo contrario, un fondo excesivamente grande puede perder oportunidades o enfrentarse a problemas de liquidez si invierte en emisiones reducidas de bonos o en compañías de capitalización muy baja. Además, los mercados evolucionan sin descanso y aparecen nuevas clases de activos, como los bonos convertibles contingentes (CoCos), surgidos en 2013 y hoy habituales en muchas carteras.

En definitiva, conviene revisar periódicamente nuestra selección de fondos. No hace falta hacerlo cada mes, pero tampoco podemos confiar en permanecer cuarenta años en los mismos productos. Igual que un corredor adapta sus entrenamientos a cada etapa y a los nuevos descubrimientos sobre lo que funciona mejor, el inversor debe ajustar el camino para llegar a la meta.

Igual que un corredor adapta sus entrenamientos a cada etapa, conviene revisar periódicamente nuestra selección de fondos

A la hora de ponernos a correr, lo que sí conviene es empezar a entrenar cuanto antes: así nuestro cuerpo y nuestra cabeza se van adaptando al terreno. Si lo hacemos en grupo, la experiencia puede ser entretenida y hasta divertida, además de saludable. Lo ideal sería contar con el asesoramiento de un monitor especializado, pero con o sin entrenador lo importante es tener un buen método y cumplir con la planificación. En inversión ocurre lo mismo: según nuestra edad y circunstancias personales debemos establecer un plan que nos permita alcanzar los objetivos.

En la maratón, aunque la carrera se corre a un ritmo constante, el entrenamiento incluye fuerza y velocidad para preparar los músculos y aumentar la capacidad pulmonar. Con nuestra inversión pasa lo mismo: aunque al final acabemos en un fondo monetario, el camino debería incluir activos con riesgo que fortalezcan nuestro poder adquisitivo de cara a la jubilación.

Resistencia psicológica

En la maratón muchos corredores se topan con el famoso muro del kilómetro 30: un bajón físico y mental que parece insuperable. En la inversión también existen esos muros: las crisis financieras ponen a prueba nuestra resistencia psicológica. Superarlas depende de la experiencia previa y de la capacidad de mantener el plan cuando el miedo nos haría tirar la toalla. Por eso conviene empezar a invertir en bolsa cuanto antes, para exponerse a los vaivenes del mercado con poco dinero e ir creando esa resistencia mental.

En la carrera de la inversión, como en una maratón, llega a la meta quien se ha entrenado bien para resistir.

 

Tribuna opinión cinco dias

 

Tribuna escrita por Marta Díaz-Bajo, directora de Estrategia de atl Capital en Cinco Días

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