Rentabilidad de la Banca Privada

¿Qué es la banca privada?

La banca privada consiste en la gestión exclusiva de grandes patrimonios, enfocada principalmente a inversiones, que prestan las principales entidades financieras nacionales e internacionales. Hace años solía estar en manos de bancos principalmente, pero cada vez más estamos viendo nuevos actores como son las Empresas de Servicios de Inversión (ESIs) donde incluimos desde EAF (Empresa Asesoramiento Financiero), Agencias de Valores, Sociedades de Valores y Sociedades Gestoras de Instituciones de Inversión Colectiva (SGIIC).

Lo que hace que el servicio de banca privada sea exclusivo para una minoría de clientes, son las cantidades mínimas de patrimonio neto financiero que se necesitan para poder acceder a ella, y que dependiendo de cada entidad oscilan entre los 100.000 euros y el millón de euros, como norma general.

¿Qué tipos de comisiones tiene la banca privada?

Las comisiones a las que tenemos que hacer frente como clientes de banca privada dependen del tipo de asesoramiento que queramos, el tipo de contrato y con una mayor importancia los productos financieros a utilizar. A continuación, desglosaremos estos apartados:

Tipo de asesoramiento: Puede ser puntual o recurrente. Esto depende de si nos va a recomendar un producto simplemente o nos va a hacer un seguimiento. En ambos casos un asesor o un gestor de patrimonios nos hará un análisis sobre lo que necesitamos, nos catalogará como cliente en base a un perfil de riesgo y nos indicará lo más adecuado para nosotros. La diferencia es que, en un asesoramiento puntual, una vez nos recomiendo algo, nos cobrará por ello y ahí acabará todo, lo que no es adecuado si queremos obtener éxito en nuestras inversiones. Lo idóneo es un asesoramiento recurrente, donde además de que el asesor nos haga un traje a medida de nuestras necesidades, esté pendiente de nuestra cartera para tomar decisiones de inversión, ya que vivimos en un mercado cada vez más cambiante y globalizado, donde las ideas de inversión adecuadas en la actualidad pueden cambiar con el paso incluso de los días. Aquí evidentemente el asesor también tiene que tener un ingreso recurrente, que puede ser de varias vías en función del tipo de contrato.

Tipos de contrato: Aquí principalmente tenemos dos opciones, un asesoramiento y una gestión discrecional. La diferencia entre estas opciones está en quien toma la última decisión de inversión. En asesoramiento es el cliente el que da o confirma la orden a su asesor (firmando un papel, boleta electrónica, etc.) y en el contrato de gestión es el asesor el que toma esta decisión, habiendo firmado el cliente previamente un contrato donde da el poder al asesor para ejecutar los cambios como su nombre indica, a su discreción. El tipo de contrato es adecuado para un cliente u otro dependiendo de lo activo que quiera ser el cliente en base a las tomas de decisiones.

Productos financieros: Este es el apartado donde nos centramos realmente en todos los tipos de comisiones que podemos encontrarnos, dependiendo de la gestión de activos y las carteras de banca privada que queramos. En el tipo de asesoramiento puntual, el asesor nos puede cobrar una única factura por el estudio del proceso de inversión y la recomendación de cartera hecha. Recordamos que una factura de asesoramiento lleva IVA del 21%, fácilmente desgravable en el caso de Sociedades, pero no desgravable en el caso de personas físicas, como ya dejó claro el Ministerio de Hacienda tras las consultas hechas a la Dirección General de Tributos por muchas entidades. En el caso del asesoramiento recurrente, el más extendido en banca privada, podemos encontrar distintas modalidades de cobro de las compañías. Se puede cobrar explícitamente vía una factura con IVA, habitualmente un porcentaje sobre el patrimonio a asesorar o gestionar, pagadero mensual o trimestralmente. Otra modalidad implícita es generar retrocesiones, esto son comisiones que cobra la entidad que nos comercializa los activos. Si tenemos en cuenta los tipos de activos que queremos nos podemos encontrar con:

Fondos de inversión: Si contamos con un contrato de gestión discrecional, la entidad nos comercializará unos fondos denominados como “clase limpia”, esto es, que no retroceden ningún tipo de ingreso a la entidad comercializadora, y por tanto más económicos. Por otra parte, como la entidad que nos presta el asesoramiento no recibirá ningún ingreso, nos hará un contrato de gestión discrecional donde pagaremos una factura con IVA y en algunos casos una comisión de éxito por los resultados obtenidos. En el caso del asesoramiento tendremos fondos de clase minorista o banca privada donde las propias gestoras pactan con las plataformas comercializadoras los ingresos que le harán a la entidad, ya sea una entidad financiera o una Empresa de Servicios de Inversión. La comisión depende del tipo de activo que queramos, donde habitualmente, los fondos con una gestión más activa suelen ser más caros que los de gestión pasiva. Esto también depende de la categoría del vehículo, donde los fondos de renta variable suelen ser más caros que los de renta fija. Habitualmente esto también es debido a que en el largo plazo en renta variable es donde se obtienen mayores rentabilidades, de ahí que se cobre una mayor comisión.

– Las comisiones de los fondos de inversión suelen ser la de gestión, que cobra como su propio nombre indica la gestora; la de retrocesión a la comercializadora o de distribución; la de resultados por éxito obtenido anualmente, y en algunos casos la de suscripción o reembolso. Estas últimas no suelen estar muy extendidas, siendo más habituales en los fondos de gestión value por la naturaleza de las inversiones a más largo plazo.

ETFs, acciones y bonos: Este tipo de activos suelen tener una comisión de compra/venta en el mercado donde se ejecuten las operaciones, que no suele ser para la comercializadora si no para el operador bursátil. La entidad comercializadora puede tener simplemente estos activos del cliente y cobrar lo que se conoce como comisión de custodia, donde es el cliente el que toma las decisiones y opera por su cuenta, o por el contrario, delegar la gestión activa de estos productos en la entidad comercializadora, donde se firmará como hemos visto anteriormente, un contrato de gestión discrecional.

Planes de pensiones: Funcionan de forma similar a los fondos de inversión, en tanto que al comercializador le retroceden una parte de la comisión de gestión, no estando habitualmente dentro de un contrato de gestión discrecional. Estos vehículos están supervisados por la DGS (Dirección General de Seguros).

Además de estos productos, tenemos otros más personales como pueden ser las SICAV, que habitualmente uno es partícipe de esta Sociedad Anónima, pagando una comisión de gestión e incluso de resultados. Otro caso es el Unit Linked que es una forma de invertir en una cesta de activos estructurados en torno a un seguro de vida.

Tras explicar esto le toca al cliente decidir, con ayuda de un asesor o gestor patrimonial, que es lo más idóneo para él. ¿Va a estar pendiente de tomar decisiones de inversión cuando hable con su asesor? ¿o por el contrario prefiere delegar la gestión porque no tiene tiempo o simplemente confía en su asesor? ¿Quiere una cartera de activos de gestión más activa y por ello con mayor coste o por el contrario prefiere indexarse a un índice de renta fija o renta variable? ¿Prefiere el patrimonio habitualmente más diversificado en fondos de inversión o prefiere acciones y/o bonos en directo? Todas estas preguntas son las que nos tenemos que preguntar antes de optar por una estrategia de inversión, para buscar la que más nos encaje a conseguir nuestros objetivos a largo plazo. No existe un consenso de mercado sobre el mejor tipo de inversiones, las que prueben mejores rentabilidades o las que más baratas sean. Todo dependerá del servicio que queramos tener y la calidad de los productos a escoger, al igual que pasa cuando tenemos que elegir cualquier otro bien o servicio en un centro comercial.

¿Es rentable invertir a través de banca privada? Rentabilidad de las carteras de banca privada en 2019.

Parece claro que los servicios de banca privada existen porque son rentables tanto para el inversor como para la entidad que los presta. En muchos casos no son meros servicios de inversión, si no que llevan aparejados servicios de fiscalidad, inmobiliario, protocolos familiares y empresariales, etc. que se suelen denominar servicios de Family Office, habitualmente para clientes con un volumen patrimonial que supera al cliente medio de banca privada.

El escenario en el que se encuentra la banca privada es el de una mayor normativa por parte de los reguladores, lo que hace que el inversor goce de una mayor protección y mayor tranquilidad. También tenemos que la proliferación de numerosas Empresas de Servicios de Inversión (ESI) hacen que se reduzcan los costes del este servicio al cliente, debido a que existe una mayor competencia. Un ejemplo de esto son los roboadvisors o servicios de inversión de asesoramiento y gestión de carteras automatizadas, así como fondos de inversión cotizados o ETFs que replican índices con una gestión pasiva, de menor coste que un fondo tradicional. Toda esta reducción de márgenes ha hecho que el sector se canibalice en cierta manera, y que cada vez sea más importante el volumen de activos bajo gestión en una empresa de este tipo, para poder afrontar su actividad con normalidad y que sean sociedades rentables.

En lo referente a las carteras de banca privada de 2019, tenemos que ha sido un año muy positivo, tras el mal comportamiento de los mercados en 2018, lo que nos reafirma a los gestores de patrimonios en la importancia de invertir a largo plazo, con un método y una planificación, no dejándonos influir por las turbulencias a corto plazo y la volatilidad de los mercados. Así, nuestros resultados de asesoramiento y gestión en el 2019 han sido:

Preservación de Capital: Exposición máxima 10% y renta variable. 2.80%
Conservador: Exposición 10-30% y renta variable. 6.05%
Mixto: Exposición 20-60% y renta variable. 9.00%
Dinámico: Exposición 40-80% y renta variable. 14.41%
Renta variable: Exposición 80-100% y renta variable. 20.10%

Estos resultados son de una cartera modelo asesorada, a modo de ejemplo, no teniendo dos carteras iguales en nuestros clientes. Indicamos los rangos que manejamos en función del perfil de riesgo, donde a través de nuestro Comité de Inversiones sobreponderamos o infraponderamos en renta variable según las circunstancias del mercado, de ahí la importancia del asesoramiento.

El cliente particular de banca privada español, como norma general, suele ser un inversor que busca la preservación de su patrimonio. Esto es, batir la inflación para no perder poder adquisitivo con el paso de los años, teniendo un perfil habitualmente conservador. Estos últimos años este perfil medio se ha incrementado hacia un perfil mixto, dado que los bajos tipos de interés han hecho que no se de ganado suficiente dinero en renta fija (habitualmente soberana) para poder batir esta inflación. Esto se ha hecho incrementado la renta variable, diversificada por áreas geográficas y sectores para minimizar los riesgos, y diversificando también la renta fija hacia la corporativa, high yield y emergente.

Desde atl Capital defendemos nuestro modelo de asesoramiento centrado en el cliente, donde una vez que le conocemos perfectamente junto con sus necesidades, hacemos un traje a medida y posteriormente un seguimiento exhaustivo. Esto nos permite tomar decisiones de inversión tácticas dentro de la estrategia global de la cartera, y conocer muy bien si cambian las expectativas o los objetivos del cliente para adecuar los cambios de cartera a su estrategia. En toda inversión siempre hay riesgos sobre la mesa (guerra comercial, formación de nuevos gobiernos, Brexit, ralentización económica), por lo que es primordial tener una estrategia con visión de largo plazo encuadrándonos en nuestro perfil de riesgo, para garantizar el éxito en nuestras inversiones.

Mario Durán es experto en mercados financieros.