Utilizar el tiempo a tu favor

Terminábamos el consejo de ayer (#2) diciendo que definir nuestros objetivos vitales y financieros es la única forma de encauzar nuestros esfuerzos y tomar las decisiones financieras correctas.

Esto se debe fundamentalmente a que definir nuestros objetivos nos permite conocer el plazo del que disponemos hasta la consecución del objetivo (horizonte temporal de la inversión) y la cuantía necesaria para hacerle frente.

El horizonte temporal marca dos cosas muy importantes, el esfuerzo que hay que hacer para conseguir cumplir esos objetivos y el riesgo que se puede asumir en las inversiones.

En cuanto al esfuerzo a realizar, por ejemplo, si uno de nuestros objetivos vitales es que nuestros hijos reciban una buena educación universitaria y lo hemos cuantificado investigando los costes del centro educativo que nos gustaría para ellos, habremos definido un objetivo financiero. Gracias al consejo #1 del pasado lunes conoceremos nuestra capacidad de ahorro y los recursos de los que disponemos, lo que nos permitirá comprobar que el esfuerzo de ahorro a realizar no será el mismo si se empieza a ahorrar cuando el niño es pequeño y se tienen 18 años por delante, que si sólo quedan 3 años para tener que pagarlo. Lo mismo pasa con el ahorro necesario para poder mantener el nivel de vida durante la jubilación, no es lo mismo empezar a ahorrar con 30 años que con 55.

Muchas veces nos olvidamos de que para acumular un capital en un plazo determinado no sólo contamos con el ahorro que generamos, sino también con la rentabilidad que puedan darnos los activos en los que invirtamos ese dinero. En general, cuanto mayor es el plazo del que disponemos, mayor es la rentabilidad a la que podemos optar.

Si invertimos una cantidad de dinero que vamos a necesitar en el corto plazo, el riesgo que podemos asumir en esa inversión debe ser bajo, pese a que la rentabilidad que vayamos a obtener no sea tan atractiva como la de los activos de renta variable. Lo que queremos es evitar que las fluctuaciones que se pueden producir en bolsa en el corto plazo nos afecten mucho y que el día que necesitemos disponer de ese ahorro tengamos pérdidas que nos impidan cumplir nuestras metas.

Cuanto mayor sea nuestro horizonte temporal, podremos ir ascendiendo en la escala del riesgo invirtiendo en activos que, aunque puedan fluctuar en el corto plazo, tengan la expectativa de una mayor rentabilidad en el largo plazo.

En resumen, si somos previsores y planificamos con tiempo los objetivos, menos ahorro tendremos que acumular año a año, más nos ayudará la rentabilidad y nos podremos beneficiar del efecto de la capitalización compuesta, que implica que no sólo renta el ahorro acumulado, sino también la rentabilidad acumulada.