Barajar todas las posibilidades

A lo largo de toda esta semana hemos dado diferentes pautas que hay que tener en cuenta a la hora de diseñar un plan vital financiero y cómo llevar a cabo la estrategia de inversión que pueda llevarnos a cumplirlo.

 

Partimos de realizar una fotografía global de cómo estoy ahora. Sin embargo, las estimaciones que ya hemos hecho a futuro acerca de todos los objetivos que fijamos en el consejo #2, el qué, el cuándo y por cuánto, siempre serán eso, estimaciones, no sabemos qué puede pasar mañana.

 

Por ello, para evitar encontrarnos con situaciones sobrevenidas donde no podamos reaccionar con tiempo, es importante valorar los diferentes escenarios a los que nos podemos enfrentar en el futuro, para prevenir, si se puede, algunas circunstancias y tomar medidas de antemano.

 

En el ámbito empresarial, estos llamados test de estrés, suelen ser habituales como prueba de resistencia financiera ante escenarios económicos adversos. En el caso de una familia, existen múltiples factores que pueden afectar a nuestro plan negativamente. Por eso es importante valorar distintos escenarios en los que nos podríamos encontrar para ver cómo afectan a nuestro plan.

 

Algunos de los más comunes, y que más impacto y distorsión pueden tener sobre la situación inicial, son los siguientes: reducción de los ingresos previstos (perdida de inquilinos en un piso arrendado, despido, enfermedad…) y aumento del gasto estimado (derrama en la vivienda, ayuda a un familiar, aumento de los miembros de la familia…).

 

Por tanto, para saber que vamos por buen camino es necesario ir revisando y ajustando nuestro plan financiero a los hechos reales que se van cumpliendo y, de esta manera, rediseñar la estrategia de inversión con las distintas desviaciones que se puedan ir produciendo.