Plazo de la inversión

Plazo de la inversión

Los ahorros destinados a la inversión son aquellos que destinamos a crecer, cuyo objetivo es aumentar el patrimonio de forma constante y a largo plazo.

¿Qué es el plazo de la inversión financiera?

Es prioritario conocer el motivo de nuestra inversión, si tenemos algún objetivo financiero concreto que queremos lograr con nuestro capital y, lo más importante, cuando queremos lograrlo. Esto último es el horizonte temporal de la inversión, que es primordial para nuestra planificación financiera, ya que hace referencia al momento en el que calculamos que necesitaremos nuestros ahorros invertidos.

Para elaborar una apropiada estrategia de inversión, tendremos que identificar nuestros objetivos financieros a corto, medio y largo plazo, para ello es muy recomendable la asistencia de un asesor financiero.

Además del horizonte temporal, hay que tener en cuenta las circunstancias personales, para determinar nuestro perfil de riesgo como inversor. Para ello es necesario que seamos objetivos porque hay que tener claro que cuanto más rendimiento pretendamos conseguir, tendremos que asumir más riesgo.

¿A qué plazo es mejor invertir?

Cuando hablamos de largo plazo, nos referimos a un horizonte temporal de 10 años o más. Indudablemente el horizonte temporal de largo plazo es el que tiene una mejor relación rentabilidad-riesgo, debido a la volatilidad y las variaciones de los mercados financieros. Esto no quiere decir que sea imposible obtener beneficios en el corto y medio plazo, pero el riesgo que tenemos que asumir será mayor que en el largo plazo. El mayor riesgo en el corto plazo, se debe al poco tiempo y al menor margen de maniobra que tenemos ante un imprevisto en los mercados financieros.

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En qué invertir a largo plazo

Una vez comprendamos que el horizonte temporal idóneo es el largo plazo, tenemos que determinar dónde invertir. En cuanto a productos financieros las posibilidades son muy amplias y variadas. Vamos a observar las opciones más habituales por los inversores.

Inmobiliario: En España sobre todo, es una de las alternativas más frecuentes, ya que es considerada como una opción sólida para el medio y largo plazo. Según un estudio realizado por un portal inmobiliario español, en 2019 un inmueble tiene un rendimiento medio anual del 5,4% en España. Además, tiene actualmente unos tipos de interés bajos, y no parece que vayan a subir en el corto plazo, es por tanto, un activo muy interesante. Aunque, hay que considerar su falta de liquidez y dificultad para recobrar el capital invertido, ya que es complicado vender el inmueble en el momento necesario por el precio que se pretende, también hay que tener en cuenta que se requiere una considerable inversión inicial para este tipo de bienes. En definitiva, es recomendable tener una parte inmobiliaria en el total de nuestro patrimonio, pero no significa que sea la opción más ventajosa en el largo plazo.

Plan de pensiones: Se trata también de una opción muy conocida por el inversor, muchas empresas ofrecen este tipo de servicios a sus empleados, a modo de seguro para la jubilación. Al igual que los inmuebles, su iliquidez y su exposición a los cambios normativos pueden suponer una complicación. Es un activo recomendable, que se suele utilizar como suplemento de la pensión del Estado, no como instrumento para generar grandes rentas.

Mercados Financieros: En relación con las otras dos opciones anteriores, esta es la que tiene mayor riesgo. Especialmente en el corto plazo, porque algunos acontecimientos empresariales y geopolíticos, pueden producir tanto subidas como bajadas en los activos financieros de renta fija y en mayor medida en los activos de renta variable. Esto supone una mayor exposición de nuestra cartera a la inestabilidad y exposición a los efectos de estos sucesos. Pero, en el largo plazo, este riesgo disminuye, por lo que es sin lugar a dudas la mejor estrategia financiera.

Por tanto, cuanto mayor sea nuestro horizonte temporal, más seguro y eficiente será la renta variable de nuestra cartera de inversión, que son los activos que obtienen una mayor rentabilidad. Aunque sea un activo de riesgo, en el largo plazo, en periodos de 10 años o más, tanto el S&P 500 (índice americano) como el MSCI World (índice que registra el crecimiento global) han obtenido rentabilidades significativas.

Hay que tener en cuenta, que estas inversiones tienen mayor liquidez, la inversión mínima no es un obstáculo, y además permite diversificar la inversión por sectores, por divisas y geográficamente.

La mayor dificultad en relación con este tipo de inversiones, es saber dónde invertir y qué estrategia seguir. Por lo que es fundamental formarse antes de invertir, y realizar un seguimiento de los cambios y observar la evolución de las inversiones. Si no se tiene tiempo para llevar a cabo estas tareas, una buena opción es aprovechar los conocimientos financieros y la experiencia de profesionales especializados en este sector, para efectuar estas inversiones, además otra ventaja de operar a través de profesionales son las ventajas fiscales que conllevan.

Es conveniente recalcar la importancia que tiene invertir en el largo plazo por las ventajas que aportan. Aunque hayamos escuchado hablar de los beneficios en el corto plazo,  estos no son sostenibles y son más arriesgados, no parece responsable encomendar los ahorros a inversiones con tanto riesgo y posibilidad de pérdidas.

Razones para invertir en el largo plazo

Para concluir, si el objetivo del inversor es aumentar el patrimonio, el horizonte temporal más apropiado es el largo plazo. Cuando tengamos establecidos los objetivos y el horizonte temporal, hay que desarrollar una planificación financiera para que nuestra cartera de inversión esté bien diversificada y equilibrada. Para nuestro horizonte temporal de largo plazo, hay que tener claro que los mercados financieros son el activo más atractivo, y más específicamente los fondos de inversión, ya que en términos de rentabilidad son los más atractivos y eficientes.

Por estas razones, los asesores financieros suponen una figura esencial para definir unos objetivos claros que se ajusten a cada inversor, para la elección de los productos y activos financieros más adecuados, y en definitiva para elaborar la estrategia financiera más favorable para el inversor.