Fiscalidad en la venta de acciones

Acciones de renta variable

¿Qué es una acción?

Una acción es un título emitido por una empresa Sociedad Anónima o Sociedad Comanditaria por Acciones. Representa una fracción, a partes iguales de las acciones emitidas, del capital social de la compañía. Las acciones son transmisibles libremente en los mercados financieros, y otorgan el derecho a su propietario de participar de los beneficios empresariales y de voto en junta de accionistas.

¿Cómo tributan las acciones en el IRPF?

Lo primero que debemos saber es que las acciones, como tal, únicamente tributarán cuando se vendan. Mientras las acciones se mantengan en cartera sólo tendremos que tributar en el caso de que recibamos dividendos.

La venta de acciones tributa en la base del ahorro como una ganancia o pérdida patrimonial, a un tipo mínimo del 19% para los primeros 6.000 euros, del 21% para los siguientes 44.000 euros y del 23% para la cantidad que exceda de 50.000 euros. El importe que tenemos que incluir en el IRPF es el resultado de restarle al precio de venta, el precio de compra y los gastos asociados a la venta y a la compra (corretajes). El importe recibido por la venta de acciones no está sujeto a retención.

Por ejemplo, si compramos acciones por valor de 3000 euros (neto de gastos) y las vendemos por 4000 euros (neto de gastos) obtendremos unas plusvalías de 1000 euros, que tributarían a un tipo del 19%, de lo que resultaría una cuota de 190 euros.

Si recibo dividendos, éstos tributarán en la base del ahorro como rendimiento de capital mobiliario a los mismos tipos que acabamos de mencionar (19%-21%-23%). La cuantía a incluir en nuesta declaración de IRPF será la diferencia entre, el importe bruto del dividendo y los gastos de administración y custodia de las acciones. El dividendo recibido estará sujeto a retención del 19%

Normas específicas relativas a la venta

Desde el punto de vista fiscal, la venta de acciones está sujeta a una serie de normas. Un de ellas es la conocida como FIFO (First in, first out), que implica que, desde el punto de vista fiscal, en el caso de venta de valores homogéneos siempre se venderán primero los títulos que se compraron primero.

También debemos tener en cuenta las normas antiaplicación, que impiden que el contribuyente se impute una pérdida patrimonial si durante los dos meses anteriores o los dos meses posteriores a la venta de una acción se compraron acciones homogéneas.

¿Y si en vez de ganancias tengo pérdidas patrimoniales?

En este caso, las pérdidas patrimoniales por compraventa de acciones se pueden compensar con las ganancias patrimoniales generadas en el mismo año. Si el resultado sigue siendo negativo, se puede compensar con el saldo positivo de los rendimientos de capital mobiliario, con un límite del 25%. Si continúa quedando saldo negativo, el contribuyente dispone de los cuatro próximos ejercicios para compensarlo.

Por ejemplo, unas pérdidas patrimoniales de 1000 euros a lo largo del ejercicio fiscal podríamos compensarlas por ganancias de capital mobiliario hasta un máximo de 250 euros, quedando las demás pérdidas registradas en nuestro IRPF para poder compensarlas en los 4 siguientes ejercicios fiscales. Esta casuística es importante ya que nos permite un mayor rendimiento financiero-fiscal en nuestra cartera de inversión.

Fiscalidad de los dividendos y derechos de suscripción preferentes

La mayoría de las compañías cotizadas resultan atractivas al inversor por su reparto de diviendos. De esta manera, podremos tener ingresos recurrente a lo largo del año. En función de las compañías, existen varias opciones de cobrar dividendos, que pasamos a detallar:

El más común, el dividendo en efectivo, donde nos pagarán un dinero por cada acción que poseamos de la compañía. Si queremos un ingreso monetario recurrente a lo largo del año nos iremos a este tipo de compañías, que paguen un alto dividendo. Esto se mide en porcentaje sobre el valor de nuestras acciones. Pondremos especial cuidado en ver la evolución del valor, ya que si por cualquier circunstancia, los beneficios empresariales disminuyen, lo esperable es que el reparto de dividendo sea menor. También tenemos que tener en cuenta la evolución del valor, ya que si el precio de cotización desciende bastante, a lo mejor no nos compensa el alto reparto de dividendo.

Los dividendos tributarán en la base del ahorro como rendimiento de capital mobiliario a los mismos tipos que hemos mencionado (19%-21%-23%). La cuantía a incluir en nuesta declaración de IRPF será la diferencia entre, el importe bruto del dividendo y los gastos de administración y custodia de las acciones. El dividendo recibido estará sujeto a retención del 19%.

Hay que tener en cuenta que el cobro de dividendos de acciones extranjeras está sometido a una doble imposición, pues se nos practicará retención en origen (que en algunos países será un porcentaje muy superior al practicado en España) y retención en España. Una alternativa para invertir en valores extranjeros con un dividendo atractivo es la inversión en fondos de renta variable de distribución, que reparten dividendo periódico, por lo que únicamente se nos practicaría rentención en España.

Por otro lado, tenemos el método del “scrip dividend”, que cada vez realizan más compañías, y que en nuestro idioma significa “dividendo en acciones”. Las compañías en vez de pagar dividendos en efectivo como veíamos anteriormente, lo hacen mediante la emisión de nuevos títulos, y es el accionista quien decide a que opción acudir. En estos casos, en nuestras cuentas de valores cuando se produce el dividendo, vemos reflejados unos derechos de suscripción preferente (DSP).

Tenemos tres formas de acudir a un “scrip dividend”.

– Por un lado podemos vender los derechos a mercado, al valor al que coticen. El importe obtenido tributará como ganancia patrimonial sujeta a retención.

– Una segunda opción es cobrar en efectivo el importe de los derechos. Esta renta tributaría como un dividendo en efectivo, ya que es la empresa cotizada la que nos compra los derechos.

– La tercera opción es acudir a la ampliación liberada y es la que se aplica por defecto si no informamos de a qué opción acudir. Una vez pasado el plazo de la ampliación, se suscriben automáticamente acciones nuevas y los derechos sobrantes se venden practicando la retención correspondiente.

Al tener un mayor número de acciones, y no cobrar dividendos en efectivo, nos minoraría el precio medio de compra de las acciones de la compañía. Como su propio nombre indica, estos derechos de suscripción preferente hacen que podamos comprar más derechos si lo vemos conveniente para suscribir un mayor número de acciones. También un tema a tener en cuenta es que si se realiza un “scrip dividend” y cobramos en efectivo, al existir nuevas acciones en circulación, estaremos diluyendo nuestro peso como accionistas de la compañía. Esto no suele ser un factor relevante ya que los inversores particulares habitualmente no tienen pesos significativos en las compañías donde invierten.

Ejemplo: Tenemos 1000 acciones de una entidad financiera, donde se lanza un “scrip dividend” 1×42, que es la porción de una acción nueva por cada 42 derechos que tengamos. Al tener 1000 acciones nos dan 1000 derechos automáticamente, un derecho por acción, donde si decidimos acudir a la ampliación, esto nos daría 23 acciones nuevas de la compañía (1000/42),y venderíamos los 34 derechos sobrantes. Esta es la opción que por defecto se aplica si a la compañía no le indicamos a que opción acudir.

Desde atl Capital, nuestra recomendación es que se ponga en contacto con un asesor especializado, que le diseñe una cartera de valores o fondos acorde a sus necesidades y su perfil de riesgo, para posteriormente hacer un seguimiento exhaustivo, revisando que se cumplan sus objetivos de inversión.

Mario Durán es experto en mercados financieros.